Barcelona, Mayo, 1977
Ya ha entrado oficialmente la primavera; una nueva estación, más alegre y seductora nos viene al encuentro. Se detiene, nos mira y nos invita, porque ya es hora de que el frío y la humedad invernales vayan quedando atrás; que la soledad otoñal con su melancolía de viejas tradiciones, acompañen sólo a recuerdos marchitos que son parte exclusiva del pasado. Un pasado de privaciones y sufrimientos, pero también, de atardeceres en flor, meditativos y serenos cual gatos caseros.
